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Caso de estudio🌐 Read in English

Brandol & Associates

Web de una firma contable con agenda propia y una calculadora que estima el ahorro fiscal y lo entrega en un informe con la marca de la firma.

Brandol & Associates

El reto

Una firma contable pequeña no compite por precio: compite por confianza. El sitio tenía que hacer dos cosas en la misma visita (explicar qué hace la firma y conseguir que la persona agende) sin pedirle que llame por teléfono ni que espere una respuesta por correo.

Lo que construimos

Una sola página que lleva a la agenda. El visitante elige día y hora ahí mismo; la cita entra directo en el CRM de la firma. No hay formulario que alguien tenga que leer y contestar al otro día.

Una calculadora que entrega algo. Quien no está listo para agendar responde cuatro datos y recibe una estimación de cuánto podría ahorrar en impuestos, con su informe en PDF, con la marca de la firma y generado en el momento. Ese informe es el motivo para dejar el correo, y el correo es el que después entra en el CRM.

Los datos del negocio en un solo sitio. Nombre, dirección, teléfono, horario y servicios se escriben una vez y salen solos en el menú, el pie, los textos legales, el PDF y en los datos que lee Google. Antes de centralizarlo ya había pasado lo que pasa siempre: un teléfono actualizado en un lugar y viejo en otro.

Cómo funciona por dentro

El sitio es estático: se sirve ya armado, sin nada que calcular por visita. Lo único que necesita servidor es el envío del formulario, y para eso corre una función diminuta.

Esa función existe por una razón concreta. Si el navegador le escribe directo al CRM, la respuesta vuelve opaca: no hay forma de saber si el contacto entró o se perdió. Mandándolo por nuestro lado, el resultado se lee de verdad y un fallo se ve en lugar de desaparecer en silencio.

El PDF se arma en el navegador de quien lo pide. Ni hay un servicio de terceros cobrando por documento, ni el programa que lo genera se descarga hasta que alguien pulsa el botón.

Y donde no había un dato confirmado, no se inventó: las coordenadas del negocio quedaron fuera de la ficha hasta tenerlas del mapa. Un pin equivocado en una ficha local es peor que ninguno.